9:47 by
Nianankoro
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Me apunto a la moda perruna. Sí, que hablo en serio. No voy a ser menos que el resto del club de blogueros fans de Cambio Radical no señor. Si Arkab lleva no sé cuánto tiempo perruno de las praderas, pues yo también. Si se publican fotos perrunas en los dominios de Mis Adarmes pues aquí también, aunque troquemos Ailantus City por las calejas de Sádaba y el fondo no sea ningún edificio urbano de la capital si no la humilde y llena de encanto alpargatería de esta localidad cincovillesa. Sí señor, los perros no calzan alpargatas, pero es porque no quieren, que clase y patas les sobran para ello.
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12:02 by
Nianankoro
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Soy fan de los moñacos que aparecen en casas, templos y rincones varios. La aparente sencillez de sus diseños oculta mensajes que sus autores o promotores quisieron plasmar en sus fachadas. Me gustan sobre todo los románicos, tan simplones ellos, escondiendo tras sus diseños mensajes cargados de intención. Cómo no disfrutar en la portada de Santa María de Uncastillo, en las de Agüero, en el claustro de San Juan de la Peña o Sangüesa, por poner solo algunos ejemplos.
Pero donde realmente disfruto es cuando hallo pequeñas joyas esculpidas en casas anónimas. Esculturas sin más pretensión que mandar un mensaje a quien las contempla de parte del dueño de la casa. Críptico mensaje que las más de las veces se fue con su autor y no hay dios que sepa qué coño quiso decir.
Les pongo unos ejemplos: las caras que parecen almas del más allá que hay en algunas fachadas de Murillo y Santolaria de Gállego; las figuras humanas labradas en aleros renacentistas en palacios de La Almunia o Zaragoza; o también el ejemplo que les pongo en la foto, sacado del dintel de una puerta de El Frago. Fíjense en esa cara redonda y pelada, que transmite felicidad, o en los cuarteles de esa especie de escudo con olivas rellenas y un bicho al que parecen apuntillar como a los toros. ¿No es encantador? Pues hala, que venga alguno y me lo interprete.
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11:00 by
Nianankoro
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Ayer viajé por Los Monegros zaragozanos, al sur de la Sierra de Alcubierre, por una estrecha carretera bordeada de estepa y pájaros. Mientras conducía, escuchaba música y, paradojas de la vida, sonó Chove en Santiago poema de Federico García Lorca interpretado magistralmente por Luar Na Lubre, y yo contemplaba la sequedad monegrina mientras escuchaba ese prodigio de voz melosa narrando que
Chove en Santiago
na noite escura
herbas de prata e sono
cobren a valeira lúa.
Esa imagen de los chorros de agua resbalando por las empedradas calles de Santiago, de la melancolía y la oscuridad, se me fue representando en los cerros descarnados de Farlete y Monegrillo, en la resistencia hercúlea de las sabinas, en el vuelo elegante de los buitres. La banda sonora perfecta para disfrutar de una mañana de cierzo por Los Monegros.
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8:54 by
Nianankoro
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Sin mucho tiempo que dedicar a estar con ustedes, pero con ganas de atender la petición del señor Sonfór, les pongo aquí unas foticos de un fin de semana diabólico celebrado en la tierra donde vivo, que reunió a un montón de diablos en su segundo encuentro. Actuó la Contradanza de Cetina, de la que ya les puse unas fotos en una entrada anterior.
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8:54 by
Nianankoro
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Como dice el enunciado, pásen por Cambio Radical, el blog de los blogs, y contribuyan con su visita a engrosar esa amplia lista de gentes despiertas que sonríen mientras desayunan.
Enhorabuena Harry.
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8:59 by
Nianankoro
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“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo…”
Aún recuerdo perfectamente cómo me interesé por la literatura. Sucedió mientras trabajaba en un bar, una tarde en la que un cliente me dejó un libro para que se lo guardara y, en un momento de poco trabajo, comencé a leerlo por la frase que antecede. Sin reparar, entre caña y caña y casi sin hacer caso a la clientela, fuy cayendo en la telaraña de la familia Buendía, las extravagancias del patriarca, José Arcadio, las periódicas visitas de los gitanos que traían con ellos la sabiduría, la sucesión de guerras en las que se embarcó el coronel, la reiteración de personajes con el mismo nombre que exigían una gran dosis de atención para no perderse en el hilo del relato. Ese mismo día terminé media novela y en los siguientes el resto.
Hasta entonces, mis lecturas habían sido
las aventuras de los cinco en la adolescencia, los clásicos obligados en el colegio, y las novelas de Sender que me abrieron a conocer mi tierra. Pero el encontronazo con ese inicio de novela, intrigante y embriagador, me enganchó para la literatura, aunque cada vez es menos el tiempo que tengo para devorar libros.
En estos días de verano, cuando saco un rato, estoy terminando de releer
Cien años de soledad, y he descubierto con placer nuevos escenarios que entonces no logré descifrar, entre otros, quién es el verdadero protagonista de la historia. Nada de coroneles, Aurelianos o José Arcadios; el verdadero hilo conductor de la historia es Úrsula, la matriarca, cuya presencia en el texto de García Márquez es mayoritaria. Sin ella, la historia no se sostiene.
Volviendo a casa, el escritor más parecido a Gabo que también ha llegado a encantarme es el recientemente fallecido escritor de Mequinenza, Jesús Moncada. No se pierdan
Camí de sirga, su novela por antonomasia. Su Mequinenza natal, antes de que desapareciera bajo el pantano que cambió su sino, es su particular Macondo, donde hilvana historias de personajes variopintos a los que les sucede de todo.
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Los mártires son unos seres especiales; sus tormentos, merced a la gracia divina, se soportaban como si nada, con una parsimonia y una paz interior que ni los anestésicos. La representación que de los martirios se hace en las obras de arte religioso de todos los tiempos rozan lo que en estos tiempos daríamos en denominar gore. Vean si no el ejemplo que les traigo; se trata de una de las pinturas de un retablo expuesto en la iglesia de San Martín de Uncastillo. Las pinturas, de buena calidad, representan a un santo al que no he sido capaz de identificar -ahora vendrá en mi ayuda san Harry Sonfór y su innato conocimiento de la vida de los santos mártires- en plena faena de martirio. En otras de las pinturas el susodicho aparece arrastrado por caballos por los pies, con esa especie de calzoncillos blancos tan modernos, sin apenas inmutarse. En ésta, atado a una mesa, es mutilado por unos malvados personajes que cortan sin piedad los dedos de sus manos y sus pies mientras otros, que parecen los instigadores, parecen decir "tú te lo has buscado, santón".
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8:36 by
Nianankoro
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Oiga Sonfór, que como lo veo tristón y reivindicativo con los derechos de los zurdos -o cuchos, como decimos en Aragón*- que le traigo este angelico cantautor que toca su guitarra con la zurda -o con la cucha- en pelotas, como buen angelico, y con un sexo indefinido, como buen angelico también. La foto está hecha en la iglesia de Sádaba, localidad con unas figuras bien curiosas en su iglesia y por las calles del pueblo.
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10:23 by
Nianankoro
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Después de mucho tiempo con la piel blanca, me ha dado el repente; ahora, esta casa se pinta negraca grisácea como una boina radida y ajada. Espero que el nuevo pellejo les guste, poco a poco iremos incorporando nuevas cosas para convertir esta su casa en un lugar agradable.
De nada.
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8:57 by
Nianankoro
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Las formas de demostrar el poder a lo largo de la historia han sido y son de lo más diverso. La pequeña localidad fronteriza de Torrelapaja cuenta con un lugar desconocido, hermoso e inquietante a la vez. Se trata de la casa de San Millán, el santo anacoreta y pastor que dio nombre a tantos templos y a poblaciones como la riojana San Millán de la Cogolla, donde se ubican los monasterios de Yuso y Suso.
La casa es, aparentemente, una vieja casa en decadencia como otras tantas de otros tantos pequeños pueblos. Sin embargo, hay algunos detalles que hacen detenerse ante ella y mirarla con otros ojos. El portón desgastado y claveteado, ubicado frente a la iglesia, luce un ornamento inusual; se trata de una gran mano, a cuyos huesos aún se adhieren algunos restos de piel y pelo. La garra, perteneció a un oso pardo que se cazaría hace siglos y se clavó en la puerta como símbolo de fortaleza y protección. Se trataba de demostrar quién era el poderoso.
La casa de San Millán, no obstante, siempre fue un hospital de peregrinos. Frente a la tesis oficial de que el santo había nacido en las tierras riojanas, en estos lares se defiende la interpretación de los textos de San Braulio, en los que cuenta la historia de la vida del santo, que San Millán nació en Torrelapaja. Pueden ahondar más en esta historia, si es que les interesa,
aquí.
A mí, lo que me interesa contarles es que la garra de ese pobre animal cazado hace siglos aún permanece aferrada a la puerta de esta casa simbolizando poder, protección o quién sabe qué. Me interesa contarles que el interior de esta casa anodina por fuera esconde un patio gótico con columnas y unos relieves en los que se narra algún pasaje de la vida del santo. Quiero decirles que veo con pena como la gente transita a toda marcha por la N234 entre Calatayud y Soria pasando a escasos 100 m de esta maravilla sin detenerse por puro desconocimiento.
Yo, por mi parte, cada vez que voy por allí desde que conocí el secreto, detengo mis pasos unos instantes como tratando de imbuirme del halo de poder y protección que la garra de este animal poderoso pueda aportarme. En ese instante de contemplación, siempre me imagino a los osos pardos correteando por los montes de la Bigornia, bajando a beber a las fuentes del río Manubles y escondiéndose de los señores que, precedidos de ruidosas batidas, se adentraban en el bosque a matar a una de estas fieras con las que demostrar su dominio sobre su territorio.
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9:32 by
Nianankoro
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¿Qué me dicen de pasar del Cielo a la Gloria? ¿A que mola? Pues hace algunos años podía hacerse a diario en Villarroya de la Sierra. Los parroquianos igual tomaban un vino en el Cielo que en la Gloria. No sé a quién de los dos propietarios se le ocurrió poner primero tan celestial nombre, aunque imagino -y ésto es teoría mía- que hubo una señora llamada Gloria que regentaba su bar y un vecino cachondo decidió poner Cielo al suyo. Aunque quizá fuesen muy religiosos, o tal vez servían tan buen vino que se alcanzaban estados de éxtasis -no se olvide, Arkab, que de este lugar procede el Albada ese que le gusta- al degustarlo. Sea como fuere, hoy ya no podemos pasar del Cielo a la Gloria. Lástima. Yo les dejo esta imagen para que la disfruten antes de que la inmobiliaria venda la casa y terminen por hundir el edificio y condenar al olvido tanto al Cielo como a la Gloria.
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20:00 by
Nianankoro
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Existe un lugar en Aragón que tiene un encanto especial y sin embargo, aún no es conocido por la mayoría. Se trata de un pequeño pueblo arracimado en la ladera de una montaña, asomándose al hermoso y recoleto valle del río Manubles, una estrecha vega en la que se cultivan frutas de gran sabor y verduras como las de antes. El sol acaricia por igual a todas las casas del pueblo, como si sus arquitectos se hubie
sen puesto de acuerdo al igual que hicieran los primeros pobladores de Macondo para que no hubiese ninguna casa mejor que otra. Pero al contrario que el lugar imaginado por García Márquez, Moros, que así se llama este magnífico lugar, no se encuentra en llano junto a una ciénaga; sus casas son auténticos rascacielos hechos de barro.
A Moros no acuden los turistas, aunque las vistas desde el mirador que el Ayuntamiento está terminando de construir valen más que las de los cientos de lugares en los que se hacinan los turistas que estos días salen de sus casas. En Moros no hay apartamentos ni hoteles, ni falta que les hacen. Como dirían los gallegos, nadie debería morirse sin haber peregrinado a Moros, a su mirador, a disfrutar de las magníficas vistas que nos regala. Si uno muere en tal falta, su espíritu vagará por los siglos de los siglos sin hallar la paz. Palabrita del niño Jesús.
Podría seguir echando literatura sobre este lugar, sus casas abigarradas, sus alturas de seis plantas hechas de adobe, el vértigo al asomarse a sus abismos, el más que probable origen musulmán del pueblo y de su fisonomía, pero prefiero que disfruten ustedes de esta vista aunque sea a través de las fotos que les pongo.
Ya me dirán qué les parecen.
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19:03 by
Nianankoro
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En mi tierra, los lugares resguardados del viento del norte, cuyas caras dan al sur soleado, reciben el nombre de carasol. En los cortos días del invierno, cuando el frío seco corta el rostro, las tardes acarician con su cálida mano la faz de las personas que descansan a su querencia. Suelen ser los viejos, que con su paciente vivir se dejan querer por el astro rey que les insufla de ganas por continuar en este mundo.
No hay cosa que me sosiegue más que contemplar a un anciano sentado en cualquier rincón al abrigo recibiendo calor. Ese momento les alimenta por el resto de los días invernales; esos en los que las nubes, las nieblas, la lluvia o la nieve les obligan a permanecer junto al fuego añorando los días de sol. Por eso, en cuanto el cierzo despeja de nubarrones el horizonte, aunque haya varios grados bajo cero, los abuelos salen de nuevo de su refugio en busca del masajeante calor del sol.
Vean a la abuela de la foto, con el uniforme de abuela rural, convenientemente protegida por su pañoleta, no vaya a ser que el sol le queme el rostro, con su abrigo negro recogiendo hasta el último resquicio de esa luz intensa que llega a cegar. Cómo pasar indiferente y no fotografiarla.
Escuchen esta hermosa canción de José Antonio Labordeta y verán como la abuela de la foto bien pudiera ser la vieja a la que Labordeta retrató con genialidad en su canción. "Siempre te recuerdo vieja, sentada junto al portal..."
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15:50 by
Nianankoro
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Entre 1610 y 1611, el geógrafo portugués Juan Bautista Labaña recorrió el Reino de Aragón por encargo del rey para realizar un mapa del reino. El portugués recorrió caminos y veredas, ascendiendo a las montañas y descendiendo a los valles para retratar fielmente lo que veía. Su natural observador hizo que tomase notas de todo lo recorrido y todo lo que le chocó.
Una de sus observaciones apunta la curiosa historia de la milagrosa virgen de Tobed. Relata Labaña cómo la virgen y el niño, imágenes de mármol blanco, sudaron durante treinta horas seguidas en el año en que se bautizaron los moros, 1526. Todo el sudor recogido se guardó en una redoma que se conservó desde entonces sin merma alguna en su contenido hasta el mismo día en que se publicó el decreto de expulsión de los moriscos, en 1609, cuando inexplicablemente comenzó a evaporarse el contenido del sagrado frasquito. Labaña asevera que la redoma quedó vacía el mismo día en que salieron los últimos mudéjares de Aragón, los del cercano pueblo de Almonacid de la Sierra, que lo hicieron en 1610. "En este día la redoma quedó vacía del sagrado licor, y siendo anteriormente muy clara, quedó toda apanada, como ahora se puede ver".
¿Qué sucedió para que la imagen sagrada de Tobed manifestase así su disgusto por la expulsión? ¿O quizá es que sudaba por el penar de tener al infiel dentro de la casa cristiana? Quién sabe. Yo, por si acaso les interesa, les cuento esta historia cuando van a cumplirse 400 años de tamaña barbaridad que dejó vacíos muchos lugares, sin los habitantes que cuidaban, cultivaban y aportaban sus tradiciones y cultura. Para reconciliarnos con ellos y sus obras, no está de más acudir a ver la magnífica obra mudéjar de la iglesia de la Virgen de Tobed.
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9:21 by
Nianankoro
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La primavera ha vuelto a obrar su milagro. Tras varios días de crecimiento, esta mañana me han regalado con la efímera presencia de su floración. Mañana las flores se habrán marchitado; solo unas horas de disfrute que puedo compartir con vosotros e inmortalizar mediante estas fotos.
Ante este milagro de la naturaleza, sobran las palabras. ¿Quién se acuerda de los pinchazos de las largas púas cada vez que limpio mis cactus de malas hierbas? Disfruten de la magia.
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19:45 by
Nianankoro
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Cada 19 de mayo, la primavera trae a la noche de Cetina, en la raya fronteriza de Aragón con la meseta castellana, un espectáculo sobrecogedor. La noche se ilumina de hachas encendidas y de danzas ancestrales al ritmo de un soniquete hipnótico. Es la Contradanza, un baile antiguo, que seguro que nació como danza pagana plagada de simbologías y magia y que fue adoptada, como otras tantas tradiciones, por la iglesia convirtiéndola en una loa a San Juan Lorenzo, santo local a quien va dedicada.
Les dejo unas fotos como aperitivo que seguro que les pondrá los dientes largos y buscarán un hueco en sus apretadas agendas para venir el próximo año a Cetina, a su recoleta plaza, bajo los muros del castillo en el que se casó don Francisco de Quevedo, para dejarse empapar de la magia de la Contradanza.
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8:35 by
Nianankoro
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En los remotos tiempos de mi infancia, cuando la tecnología se limitaba a la radio y la tele en blanco y negro, los niños de pueblo nos divertíamos como podíamos. Lo más parecido a un palacio de hielo era esbarizarse por los charcos helados en invierno. Lo más aproximado a la semana blanca, en la que nuestros hijos suben a aprender a esquiar, era tirarse por un ribazo herboso al que denominábamos el esbarizaculos. Lo más interesante del National Geografic Chanel era contemplar un erizo que habíamos sacado de la acequia cuando se hacía un ovillo de púas para evitar el ataque de unos fieros niños con palos.
Eran tiempos de penicilina inyectada y pantalón corto. Tiempos en los que la calle era el lugar de juegos infantiles. Aún viene a mi memoria la secuencia de gritos que las diferentes épocas del año nos traían:
-¡Tres navíos en el mar!
-¡Y otros tres en busca van!
Recuerdo nítidamente las rodillas encallecidas de arrastrarse por el suelo jugando a las chapas o los pitones (que es como nosotros conocíamos a lo que el común llama canicas). Las batallas de espadas hechas con las tablas que desechaban en la serradora; nuestro trepar por los troncos amontonados esperando a convertirse en cajas para la fruta.
Era nuestra vida, cuando no existían las actividades extraescolares -si exceptuamos el repaso al que llevaban a los alumnos menos aventajados- cuando la calle era la prolongación de la casa y no existía más peligro que caerse a la acequia -a mí me paso y aún me recuerdo empapado llegando a casa- o llegar con alguna cuquera fruto de una pedrada en la cabeza.
Hoy, cuando veo a mi hijo tumbado en el sofá con su PSP, me vienen a la cabeza estos recuerdos. Poco después, lo veo que escapa a la plaza a jugar al pelotón y pienso que aún queda un resquicio de esperanza.
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9:14 by
Nianankoro
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Mi madre murió de repente. Contaba 52 años y esperaba a su primer nieto que iba a nacer en apenas unos días. Se trasladó a Ginebra (Suiza) a cuidar de su hermano aquejado de un infarto cerebral y falleció ella primero de una dolencia similar. Quizá fueron demasiadas emociones juntas. Quién sabe. Cuatro días más tarde de morir mi madre, lo hizo mi tío y cinco días más tarde de perder a mi progenitora, nació mi primer sobrino. Han pasado 29 años, pero no puedo olvidar la vorágine de esos días -yo tenía 15 años y las emociones fueron muchas-.
Mi padre acaba de fallecer esta semana. Tenía 83 años y un corazón débil que apenas daba de sí para que el resto de sus órganos funcionara correctamente. Mi padre nunca superó la pérdida de su esposa. Aún así, fue capaz de continuar trabajando para sacar adelante a su familia, de mantenerse en pie cuando el cuerpo quizá le pedía dejarse caer. En los últimos tres meses, mi padre se convirtió en mi hijo. "Sí, papá", solía decirme cuando le reprendía por cualquier cosa.
Mi hijo me ha visto cuidar de mi padre, hablarle de mi madre con respeto; ve cada día a su abuela materna convivir en casa. Mi hijo ha aprendido una lección importante en su vida. No sé si servirá para que, llegado el momento en que yo me convierta en su hijo, actúe de una determinada manera, pero quiero pensar que así será.
Yo moriré algún día, no sé si con 52, con 83 o con quién sabe cuántos años. Lo que sí sé es que me gustaría irme en paz, sintiéndome parte de los míos, pensando que cuando falte alguien mantendrá un pequeño recuerdo en lo más hondo de su ser. Como lo mantengo yo de esos instantes de hace 29 años; como lo seguiré manteniendo de los vividos en estos últimos meses.
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16:47 by
Nianankoro
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Hay a quien le gusta tener mascotas. A mí siempre me ha gustado compartir mi mundo con los animales pero de un modo diferente. No concibo una jaula o una correa para sujetar las ansias de libertad de una mascota. Es por ello que cuando vivía en mi pequeño piso y una pareja de aviones comunes ancló su casa de barro sobre el alfeizar de mi ventana me alegré sobremanera. Cada día, mientras trabajaba, veía a tan acrobáticas aves salir y entrar en vuelo rasante tras la intimidad de mi mosquitera.
Al mudarme a mi nueva casa, en la que dispongo de un pequeño jardín, los pájaros campan a sus anchas entre las ramas de los árboles. En los últimos tiempos me he acostumbrado a echarles de comer: unas miguitas de pan, un poco de alpiste... Ellos, agradecidos, vienen hasta la terraza y devoran su ración dejándose a cambio fotografiar confiados.

Mi sorpresa de los últimos días ha sido que una pareja ha vuelto a establecer su morada en mis dominios. Se trata de una pareja de carduelis cannabina o pardillo común, una pequeña ave de la familia de las cardelinas o jilgueros. Según dicen las crónicas, acostumbra a construir su nido en matorrales, cosido a sus ramas. En mi casa, a falta de matorral, han edificado su adosado entre las ramas de un Cupressus macrocarpa o goldcrest.
El nidito, primorosamente tejido, en el que uno puede sentir el calor de esa madre soportando cierzos y lluvias mientras protege a sus retoños, albergaba cuatro pequeños huevos. Cada vez que bajo a visitarlos, la madre vuela hasta un árbol cercano y me observa mientras yo hago lo propio con su familia. Voy con miedo, temiendo que asustada los abandone, pero no puedo resistirme a visitar a mis nuevos vecinos.
Un día, en mi rutinaria visita, descubrí cómo los huevos se habían convertido en un amasijo de plumón. El milagro se consumó y he esperado unos días antes de fotografiarlos, cuando los pollos ya muestran sus picos color carmín y los abren en una competición frenética por llamar la atención.
Mientras trabajo en mi buhardilla, la vista se me va de cuando en cuando hacia abajo, y observo los vuelos de la pareja, y los imagino trayendo granitos de semilla, regurgitando papilla de su buche en las boquitas hambrientas, soñando con el momento en el que echen a volar. Y veo las cabriolas de estos y otros pájaros que tienen a bien regalarme con su presencia en mi casa. Sed bienvenidos. Aquí encontraréis cobijo y amistad de quien aprecia vuestra compañía. Solo os pediré paciencia cuando me veáis invadir vuestra intimidad en pos de una foto; es mi curiosidad innata que me empuja.
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8:31 by
Nianankoro
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Cuando yo era pequeño, en mi casa había una tele en blanco y negro. Telefunken, creo recordar. No todas las casas del pueblo tenían tal lujo; bien al contrario, éramos unos privilegiados por tener un padre que entre otras cosas se dedicaba a instalar y arreglar televisores. Así, era frcuente que cada vez que había partidos de fútbol, corridas de toros u otros acontecimientos televisivos, el comedor de casa se llenase de vecinos y parientes que venían a verla.
Unos primos hermanos de mi padre, gentes de campo llenas de buena fe, venían cada noche a ver la teleserie o la película de turno. Mi padre no cesó ni una sola vez de gastarles la misma broma, con la que siempre picaban. Llegado el primer intermedio, mi padre decía:
-Bueno, ya se ha acabado.
Acto seguido, mi tía decía a su marido.
-Vámonos, Esteban.
Creo que no dejó de picar una sola vez.
Pasaron los años y comenzaron a salir las primeras teles en color. Mi padre nos contentaba convirtiéndo nuestra tele en una de color con el simple aditamento de un papel de celofán. Así teníamos tele en color que cambiaba de color a nuestro antojo.
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