bajo mi boina

¡Ay mi boina! que esconde vergüenzas y calienta ideas. Pasen y vean, que comienza la función.

Cabeza de dragón (6)

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Estimado Arkab:

Sirva la presente para hacerle saber que solo usted es capaz de hacerme salir a la primera de mi autismo internetero. Una sola palabra suya y ¡zas! Nianankoro publica de nuevo. Harry se va a poner celoso, pues él no es capaz de menear mi espíritu ni de turbar mi conciencia. Eso lo tiene reservado usted. Quizá sea por su generosidad cuando habla de mis virtudes como recomendador de vinos. Quién sabe. Sea como fuere, aquí le dejo una pincelada de uno de los trabajos que me tiene en vilo y no me deja dedicarle más tiempo al blog y a mantenerles convenientemente ilustrados de fotos y vinos. Se trata de un libro que verá la luz en breves en el que retrato mi comarca, Valdejalón, desde el aire. Las fotos van aderezadas con unos breves textos del estilo del que le adjunto debajo.

Espero que le guste. Suyo atentísimo,

Nianankoro.


Villanueva de Jalón, vista general
El espolón rocoso en el que se asienta la población de Villanueva de Jalón semeja la cabeza de un gran saurio, un dragón o quizá un dinosaurio. El relieve de su cara se hace más abrupto hacia el imaginario lomo de su izquierda, encrespándose a partir del castillo en un espinazo puntiagudo que uno imagina erizado hasta la cola. El dragón tuesta sus escamas al sol del atardecer, posada su cabeza junto al cauce del río Jalón, dibujada por el meandro que traza en su discurrir aguas abajo, rompiendo la verticalidad de la Cordillera Ibérica. El pueblo, deshabitado desde que el progreso viniera en coche a la puerta de cada casa, se encaramó en lo alto en busca de la protección de su inexpugnable castillo, hoy sólo una caricatura, que se desmorona en lo alto. Mientras, por las entrañas de la bestia corre el ferrocarril y ese AVE que más que correr, vuela. Sólo la luz del atardecer suaviza la dureza de esos edificios esqueléticos, mostrando sus entrañas a la intemperie; sólo la memoria de quienes nacieron aquí mantiene alejado al olvido, más corrosivo aún que el viento y la lluvia.



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